Desde mediados de noviembre, cuando se colocaron señales y pintaron calzadas con el indicativo de zona 30, algo ha cambiado en el tráfico del centro histórico. Así lo atestigua el último informe realizado por los técnicos municipales, hace apenas 15 días, y que constata una disminución en la velocidad media de la circulación.
El concejal de Tráfico, Alfonso Novo, comentó que los medidores se sitúan en las calles principales, debido a que el resto de la trama urbana es sinuosa y es difícil alcanzar altas velocidades. Así, se han puesto en la calle de la Paz, la calle San Vicente Mártir y la avenida Barón de Cárcer, como referencias de la circulación en Ciutat Vella.
Mientras que antes de la declaración de zona 30 la velocidad media era de 40 kilómetros por hora, ahora las cifras están entre 30 y 35 kilómetros por hora. El edil consideró además que el 80% de los conductores «respetan la velocidad máxima fijada».
A falta de conocer una evolución más detallada, el Consistorio considera la posibilidad de ampliar esta medida al distrito del Ensanche, a los barrios de Gran Vía y Ruzafa. A pesar de tener un callejero con calles más amplias, los técnicos consideran que es viable una solución de este tipo, que persigue cumplir con el plan contra la contaminación acústica, entre otros propósitos.
En este documento aparece la alternativa de instalar radares para sancionar a los que superen los 30 kilómetros por hora, aunque de momento no se han realizado estos controles. El perímetro actual es la denominada ronda interior, en la acera interior y dejando fuera de la limitación a calles como Blanquerías, Colón y Guillem de Castro.
En una primera fase, la zona 30 se extendía sólo por el barrio del Carmen, que el Ayuntamiento ha tomado como modelo para probar soluciones de tráfico. Esa es la razón de que después se añadiera la zona naranja, discutida por una de las asociaciones de vecinos al dejar fuera de las tarifas más económicas a los comerciantes y empleados de oficinas y locales de ocio de la zona, entre otras actividades.
En el Carmen también se ha puesto en marcha, como una medida más de la declaración de zona acústicamente saturada, el cierre al tráfico del barrio los fines de semana por las noches desde hace meses. Una de las asociaciones de la zona, Amics del Carme, ha pedido incluso que esta opción sea definitiva y que incluso se coloquen bolardos abatibles, para que sólo los vecinos puedan pasar a esta parte del centro histórico.