Sentados en la valla perimetral del Parterre y acompañados por un 'tetrabrick' de vino pasan los días esperando a que una plaza de aparcamiento quede libre. En ese momento, la acechan esperando a un conductor con ganas de dejar estacionado su vehículo y, cuando lo encuentran, le facilitan la maniobra haciendo gestos con la mano, o al menos esa es su intención. El recién llegado, en la mayor parte de los casos, suele entregarles alguna moneda, a modo de compensación. Sin embargo, si no quiere recibir una multa, también se ve obligado a abonar el correspondiente coste por dejar aparcado su coche en zona azul, puesto que en este espacio el estacionamiento con regulación horaria y, por tanto, de pago, es una constante.
"Mira, es lo que hay, si no les das dinero puede que te encuentres con una puerta rayada o una rueda pinchada...", comentaba Alberto, uno de los conductores que ha tenido que pagar la cuota doble por aparcar en el entorno del Parterre. "De todas formas, según el tiempo que estés, te sale más barato que un parking", añadía. Raquel, otra asidua de la zona, lamentaba la escasez de aparcamiento en la zona. "Si ya es difícil encontrar un sitio donde dejar el coche, encima nos hacen pagar dos veces: el gorrilla y el parquímetro... Si pudiera, dejaría el coche siempre en casa", comentaba.
Y no es la primera vez que los gorrillas se adueñan del poco aparcamiento de Ciutat Vella. El entorno del Mercado Central, principalmente en la avenida María Cristina, e incluso la plaza del Ayuntamiento son lugares en los que, periódicamente, suelen instalarse estos aparcacoches ilegales, que desaparecen de inmediato en cuanto una patrulla de la Policía hace su ronda.