María Amparo tiene 75 años, vive en Ruzafa toda la vida y ya va por la segunda edición del libro que ha publicado "Poemas de amor y de fe" (Editorial Palacios).
Esta vecina del barrio explica sorprendida: "¡A la vejez me ha venido la inspiración por escribir!". Cuenta que la vida cotidiana es su fuente de inspiración y así es como en 2010 comenzó a escribir poesías espirituales. Explica que tenía ilusión de publicar el libro y que el sacerdote Palacios le apoyaba. Así que se decidió a sus 73 años a esta aventura.
El sacerdote se llevó un facsímil antes del verano y cuando María Amparo intentó ponerse en contacto con él tras el verano, cuenta, "me cogieron el teléfono y me dijeron: No se puede poner porque ha fallecido. Me quedé impactada aun ahora cuando lo recuerdo", explica María Amparo.
"Me dijeron que daba misa encontrándose mal y el médico cuando lo vio así mandó ingresarlo. En una semana murió". Por esa razón, con el permiso de la familia del sacerdote Palacios, Mari Amparo decidió dedicar su libro a la persona que había creído en ella desde el principio.
Es un libro que trata sobre la vida cotidiana, la espiritualidad, la religión. "Trata de lo humano y lo divino", aclara la autora. El libro vale 8 euros y los beneficios van destinados a la Delegación de Misiones en Valencia situada en la calle Avellanas.
Tras la publicación de la primera edición, María Amparo comenta que el libro "tuvo mucho éxito, me los quitaban de las manos, así que saqué una segunda edición".
Actualmente, el libro se puede adquirir en Ruzafa en la Papelería Alpe situada al lado del Convento de los Franciscanos. También en la Delegación de Misiones de Valencia.
HISTORIAS DE RUZAFA
María Amparo cuenta que durante la guerra civil sus padres se vinieron a vivir a Ruzafa y ella fue al colegio "de las monjitas".
Recuerda que en 1957, cuando se produjo la riada, se estaba construyendo el mercado. "Esta parte de la ciudad era de lo más alto con lo cual tampoco se inundó mucho" sin embargo recuerda cómo el agua formó un lago en los cimientos del mercado y servía de abastecimiento. "Se llevaban pozales de agua para fregar", explica. Se formó un largo por el que incluso "se podía ir en barca", comenta la escritora.
Otras de las anécdotas del barrio que cuenta María Amparo es cuando Franco pasó por la calle Donoso Cortés (llamada antes Monteolivete y que iba por letras) y pidieron que los vecinos no se asomaran ya que ciertas estructuras del edificio estaban un poco sueltas y no fuera que se cayera algo sobre el séquito del caudillo y pensaran que iban contra el régimen.

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