PALABRAS MAYORES

«El traje de fallero que algunos llaman de cucaracha nos igualó a todos»

Entrevista a José Picó Añón, secretario de la Junta Central Fallera de Valencia en los años sesenta

NOTICIA DE PEDRO ORTIZ 12/06/2012
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«El traje de fallero que algunos llaman de cucaracha nos igualó a todos»

José Picó, durante la entrevista. / Jesús Signes

PERFIL: 90 años de Fallas
En 2009, la nieta de José Picó Añón resultó elegida para la corte de la fallera mayor de Valencia. Fue el punto culminante de la dedicación a las Fallas de Picó, desde que en los años 40 comenzase en su barrio la creación de Salamanca-Conde Altea. «La familia viene de Turís, pero yo nací en Valencia. Vivíamos en Doctor Sumsi, luego Pintor Salvador Abril, en una finca de Cifesa, antes de ir a la calle Salamanca». Una memoria excelente, aunque algunas fechas bailen. Ha fundado fallas, ha participado como fallero, las ha presidido y ha sido secretario durante varios años de la Junta Central Fallera. Y sin faltar ni un solo día al banco, que era su trabajo real. Ahora sigue el mundo fallero desde LAS PROVINCIAS, del cuál es fiel lector, y opina sobre la Valencia actual: «Es un primor, pero después de ver cómo están las arcas no sé si hubiera hecho tantas cosas o las hubiese hecho más escalonadas para no llegar a este fandango». Picó va a cumplir 90 años, casi todos dedicados a las Fallas.

Desde que empezó en la fundación de Salamanca-Conde Altea en 1940, José Picó ha dedicado buena parte de su vida a las fallas. Quizá los años más densos fueron los que estuvo como secretario de la Junta Central Fallera, a finales de los sesenta, con Martí Belda como presidente. Tiempos de cambio y polémica, que Picó recuerda medio siglo después.

-Los fundadores de la falla eran el hornero, el zapatero, el del ultramarinos... las fuerzas vivas comerciales del barrio y algún joven como yo. Entonces desde la calle Burriana hacia los Maristas, todo eran campos. Luego me hicieron presidente. La falla era de tercera y con los años la pasé a primera.

-¿Cómo era aquella falla?

-Era una fallita en la que los falleros colaborábamos tanto como el artista fallero. Recuerdo una escena con un señor muy demacrado, en un sillón y con varios chiquitos. Hice yo el letrerito: "Contigo pan y cebolla se digueren al casar y después de tanta ceba, donen ganes de plorar".

-Vaya memoria.

-Luego hicimos otra falla que imitaba el edificio de la Telefónica en la plaza del Ayuntamiento. Y ponía: «¿Açò es la Telefónica o es casa Pepe?» ¿Sabe a lo que se refería, no? Era la época en la que había que pedir conferencias porque no había teléfono directo y tardaban mucho. Las señoritas de Telefónica aparecían empolvándose y sin dar golpe. Otro empleado colgaba los calcetines del radiador, el otro con una paellita...Y ponía: «Cavallers, acó es un acte de conciència, están esperant una conferència». Un día se presentó un motorista y dijo: esta falla hay que quitarla.

-¿Que había que quitar la falla?

-Así era. Nos explicó que Telefónica era propiedad de una compañía extranjera y que la quería comprar el Gobierno español. Serían los años cincuenta. Hay que quitarla, hay que quitarla. Total que otro y yo fuimos al gobernador civil, Sánchez Malo, a explicarle los letreritos, porque no entendía el valenciano. «Esto de casa Pepe quítalo, esto también...» Al final fue a verla: «¿Sabéis lo que os digo? Que la dejéis como está». Luego supimos que nos había denunciado una vecina que trabajaba en Telefónica y se veía retratada allí.

-¿Cuál era el presupuesto de una falla en aquellos años?

-Quince mil, dieciséis mil pesetas. En nuestra falla seríamos unos 30 falleros.

-¿Y cuántas fallas había en Valencia?

-En los cuarenta había 110, y en los sesenta, unas 170.

-¿De qué modo se incorpora usted a la Junta Central Fallera?

-Me invitó Juan Martí Belda, que era concejal y presidente de Ferias y Fiestas. Seis años estuve de secretario, del 66 al 72.

-Martí Belda fue muy polémico.

-Pues yo no digo que haya sido el mejor presidente, pero sí uno de los mejores. Siempre estaba pensando y calculando qué cambiar. Recuerdo cómo introdujo la Senyera en las fallas.

-¿La Senyera en las fallas?

-Todos los adornos que había en fallas eran banderas nacionales y a Juanito se le ocurrió hacer copias de la Senyera del Ayuntamiento y regalárselas a las autoridades. Fuimos a los despachos, primero al de Sánchez Malo. «Muy bonita, muy bonita», decía el gobernador. Pero lo que quería Martí Belda era otra cosa: «¿Qué le parece usted si para fallas la colgamos junto con la nacional?». «Ah, pues bien, no estaría mal». El Ayuntamiento ponía en la plaza unos triales para tres banderas que eran las nacionales. Pero ese año ya fue la bandera nacional en el centro y a los lados, dos senyeras. Al año siguiente, la nacional desapareció y las comisiones ya sacaban senyeras de papel; toda Valencia estaba con senyeras. La senyera es mi orgullo; fue idea de Martí Belda, pero yo le acompañaba y estoy orgulloso. La Ofrenda tal y como se conoce ahora también fue idea suya.

-¿Cuál fue el cambio?

-Cronometró los minutos que tardaba en llegar cada falla desde el casal hasta el punto de concentración, en San Agustín y el Parterre. Luego avisaban por teléfono y así se agilizó la Ofrenda y se evitó que los falleros esperaran tantas horas. También inventó la Olimpiada del Humor, a la que vinieron Álvaro de la Iglesia, Pgarcía, Emilio Panach 'Milo'... Rita Barberá fue un año musa del humor. Años antes, 'Milo' dibujó una viñeta en la que aparecía un ciego con los cupones gritando: «¡Hoy sale!». Y ese día era cuando salía de gobernador Planas de Tovar y lo trincó, estuvo detenido. Martí Belda también inventó la Cabalgata del Reino...

-E impuso el traje negro de fallero.

-Sí, él cambió los trajes. Se iba a la Ofrenda de particular, uno con traje, otro con blusón, otro con corbata, el otro con una flor en el ojal... Eso era un cachondeo. El traje que ahora algunos llaman traje de cucaracha nos igualó a todos. Nos igualaba y era barato.

-Y aquella Crida de 1968...

-Juanito tenía un carácter... Entonces empezaban los partidos políticos, y empezaron destacándose allí. Martí Belda les llamó borregos. Ellos lo tergiversaron y dieron a entender que llamaba borregos a los falleros, pero era a esos quince o veinte. Se armó un jaleo muy grande.

-¿Por qué dejó usted la Junta Central Fallera?

-Acabé agotado. Yo tenía que cumplir primero con mi trabajo, que eran dos: por la mañana estaba en el banco y por la tarde llevaba una contabilidad. Y luego, a la Junta. Al quinto año le dije: oye Juanito, yo ya no puedo más.

-¿Cuánto cobraba usted como secretario?

-Yo no cobraba nada. Allí sólo cobraba el concejal porque era concejal.

-¿Cómo ve ahora las Fallas?

-Me subleva ver unos cajones, un tonel encima, una figura a medio hacer y eso es la falla. Casi ridícula. Pero al lado tienen un carpón de veinte metros que vale un pastón. Aquí somos falleros y lo primero que hay que hacer es la falla y luego la fiesta. Me pongo malo.

-Y probablemente a los pocos metros haya otra falla. ¿A qué se debe?

-Se lo voy a decir enseguida: surgen conflictos en una falla y llega un momento en el que los grupitos riñen y se van a la otra esquina y plantan otra. Hay muchas fallas, excesivas. Y hay más carpas que fallas y a eso no hay derecho.

-También hay muchas protestas contra las Fallas.

-Yo comprendo que se quejen los vecinos. Es un día y otro día y otro día. Los casales, si no están insonorizados, que no se autoricen. Pero también hay que ceder. Las fallas de Russafa son magnificas; Russafa parece París en todo su apogeo. Y hay gente que va haciendo la puñeta y tal. Pero hombre, ¡si debían estar agradecidos porque son diez o doce días que pasan que está desconocido el barrio!

-¿Y el toldo de la plaza de la Virgen?

-Igual. Si verdaderamente le hace daño al edificio es lógico que protesten, pero si los arquitectos del Ayuntamiento han dicho que no pasa nada... Además, tantos años como ha estado y se niegan ahora, que han cambiado el toldo y pesa la mitad.

-¿Qué opina de Nou Campanar, la falla más victoriosa de los últimos años?

-No es mi idea de falla. Está muy bien hecha porque los artistas son muy buenos, pero son dos fallas juntas, con dos remates. Si cortan por la mitad también hubiera estado muy bien y ese dinero se podía haber ahorrado para otra cosa. En las fallas hay que ir poco a poco.

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