Historia

El barrio del rey

03/06/2011
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
El barrio del rey

Aspecto del palacio del Real en la época foral.

Una gran explanada ante el Palacio Real servía para desfiles, exhibiciones ecuestres y también se usó como plaza de toros.

Oíd todos y sabedlo: este es el barrio del Rey.Aquí tiene su residencia y fortaleza; aquí su retiro y esparcimiento, su seguridad y su fuerza. Estamos, en efecto, en el Pla del Real. Aquí ha estado el centro del poder desde los tiempos feudales y ha residido luego el virrey, su lugarteniente, hasta que los valencianos decidieron derribarlo todo, quién sabe por qué razones, con el pretexto de que los franceses atacarían mejor la ciudad si se apoyaban en el palacio como baluarte.

Cuenta la leyenda, por otra parte comprobable, que los responsables de la Junta de Mur i Valls, cuando trazaron los puentes y pretiles destinados a defender la ciudad de las furiosas avenidas del Turia, hicieron el paramento de la orilla derecha notablemente más alto que el de la izquierda. Con la intención evidente de que el río se derramara hacia las huertas de su mano izquierda, en caso de avenida excepcional, y dejara a salvo al vecindario dentro de las murallas. 

Sin embargo, en esa parte de la huerta del norte de la ciudad estaba el Palacio el Real, la residencia de nuestros reyes forales. Que debe ser nombrado así, del Real, porque a lo que está aludiendo esa denominación es al Palacio del Raal, o del Rahal (de 'raallum' o r'egalum'). Es decir un lugar o quinta en la afueras, un terreno más dedicado a esparcimiento y placer, que a centro palaciego destinado a la defensa del soberano. Aunque cueste creerlo hay poca noticia de ese palacio antes de la Conquista. Aunque se sabe que son los mandatarios musulmanes quienes lo fundan y lo usan. Se sabe también, por su «Chr"nica», que don Jaime da gracias por la rendición de la ciudad y lo hace en "la Rambla, entre el Reyal e la torre, e quam vim nostra Senyera sus en la torre e descavalcam, e dreçam nos vers a Orient, e ploram en nostre ulls, besant la terra per la gran mercé que Deu nos havia feita".

La vida de los monarcas en los siglos XIII, XIV y XV es generalmente ambulante. Con todo, cuando podían dedicar algún tiempo a la ciudad, los reyes residían en su Reial, que pasó a ser, con el tiempo, por agregación de construcciones civiles y religiosas, un complejo grande pero muy destartalado, falto de unidad de estilo, de gracia decorativa e incluso puede que de comodidad. Sabemos que doña María de Castilla, la esposa de Alfonso el Magnánimo vivió en él largos años, en el tiempo en que se había convertido en una corte literaria de aire renacentista. Sabemos también que la viuda de Fernando el Católico, Germana de Foix, duquesa de Calabria, dio gran renombre a las fiestas y celebraciones dadas en palacio. 

El reloj del palacio 

En ese Palacio del Real estuvo un tiempo custodiado el Santo Cáliz, reliquia que Alfonso elMagnánimo mandó aValencia desde el palacio de la Aljafería de Zaragoza, donde estuvo algún tiempo. Sabemos  que el rey mandó instalar en 1427 un reloj público en la torre principal de la fortaleza, con dos esferas dirigidas hacia el propio palacio y hacia la ciudad; y que los jardines fueron famosos y que había en ellos una colección zoológica, entre la que no faltaban los leones. Sabemos, en fin, que Felipe III vino a casarse en Valencia, siendo virrey arzobispo Juan de Ribera, y el Reial se convirtió en núcleo de los festejos.

El plano que en el siglo XVIII trazó Gascó nos muestra una instalación palaciegamuy grande y notablemente desordenada.Aunque Josep Vicent Boira, más tarde, localizó en París otros planos más perfectos que Suchet se llevó consigo, lo bien cierto es que había mucha información cuando Albert Ribera, al frente de los arqueólogosmunicipales, se enfrentó a la tarea de fotografiar y medir lo que en 1986 había aflorado, que llenaba toda la calle General Elío.

El palacio, con todo, se extendía hasta el edificio La Pagoda, a la derecha, y hasta mediados los Viveros por la izquierda.Aestas alturas quedan ya muy pocas dudas de que "les Muntanyetes d'Elio" se formaron por la colina de escombros formada en el gran patio central durante los derribos. Como es evidente que las colecciones botánicas y zoológicas, los jardines del Raal, son los antecedentes del jardín que el  Ayuntamiento recibió de la Diputación Provincial y comenzó a ordenar y extender a partir de los años treinta. 

El Llano del Real y la Alameda

Ante el Palacio se abría una  gran explanada: el Pla del Real. Es uno de los nombres de un área de la ciudad que más tiempo ha sobrevivido. Comunicaba con el puente, que se derrumbó a causa de la multitud congregada para dar la bienvenida a Valencia al emperador Carlos.Y conectaba con la Alameda, llamada también El Plantío, un paseo arbolado en la orilla izquierda donde fue costumbre pasear a caballo o en coche desde tiempo inmemorial. En ese Llano, en el Pla del Real, se hicieron habitualmente las exhibiciones militares, las retretas y exhibiciones de la caballería ante el rey o el virrey. En ese Llano, en fin, fueron frecuentes las fiestas, y muy singularmente las de cañas y toros cuando el Hospital necesitó un lugar alternativo a los que ya usaba, la plaza del Mercado o la de SantoDomingo. 

Más allá de la residencia del rey o sus virreyes, rodeada de jardines regados por la caudalosa acequia de Mestalla, se extendía una rica huerta. Había frondosos huertos, propiedades en las que las cosechas de aprovechamiento agrícola alternaban con la jardinería ornamental; el del Santísimo, especializado en fresas, tuvo siempre una justa fama. Alquerías, barracas, acequias, y en sumomento, generosas plantaciones de moreras para el cultivo del gusano de seda, festonaban la huerta, hacia Benimaclet y Alboraia hacia el norte y hacia el Cabanyal si el caminante se dirigía hacia el este. A la acequia le sobraba agua para vivificarlo todo y mover, de paso, varios molinos. En el siglo XVIII, el último que el Palacio del Real pudo vivir antes de su derribo,  la Alameda se fue mejoran paulatinamente, de la mano de los virreyes o intendentes, aunque fue el mariscal Suchet quien le dio los cambios que la configuraron finalmente. El paseo, que desde el Real llegaba hasta el puente del Mar, arrancaba en el Óvalo, una explanada elíptica donde se rindió homenaje a Felipe V y su sucesor. En las inmediaciones del paseo, la ermita de la Soledad, levantada en 1716 por el intendente Caballero, reunía a cientos de devotos que hacían el camino entre frondosa vegetación. 

Hacia 1800, todo indica que el Palacio del Real estaba muy abandonado. Ya no era residencia del capitán general, recuerdo de los virreyes de antaño. La visita que ese mismo año hizo aValencia el rey Carlos IVsirvió para remozar algunas estancias, pero no devolvió el viejo esplendor al monumento, que unos años después, ante la amenaza de un ataque de los franceses a la ciudad, fue derruido en un lastimoso proceso de subasta y rapiña de los materiales. Se pretendía que el enemigo usara el edificio para atacar a la ciudad; pero todo indica que la colina de escombros que quedó fue un más eficaz lugar para instalar artillería.

Una sorpresa con final infeliz

En el año 1986, cuando comenzaron los trabajos destinados a trazar el colector norte de la ciudad, se quiso tender un grueso ramal de tubería subterránea por Botánico Cavanilles y General Elío.Nadie lo pensó, aunque en teoría todos sabían que estaba allí; el caso es que las excavaciones dejaron al descubierto las ruinas del Palacio Real deValencia. El debate no se hizo de esperar: LAS PROVINCIAS pidió que se dejaran las ruinas al aire libre, porque podrían ser el núcleo de un museo didáctico sobre el Palacio Real perdido, pero elAyuntamiento dudó.Una parte de la opinión pública, deseosa de que no se pudiera traba alguna a la circulación rodada, presionó al Ayuntamiento de Ricardo Pérez Casado. Fue su sucesora en la Alcaldía, Clementina Ródenas, quien corrió con el coste político de tapar las ruinas del yacimiento arqueológico, operación que se desarrolló finalmente en 1989, después de meses de abandono en el que la maleza creció entre las ruinas. Fue una intervención fallida que el ayuntamiento de Rita Barberá ha remediado con el tiempo: dentro de los Viveros se realizó una excavación parcial que dio como resultado lo que se pretendía, un museo al aire libre sobre las ruinas del Palacio Real de Valencia. En las imágenes, los hallazgos arqueológicos, una visita del alcalde Pérez Casado y el tapado final de las ruinas. 

CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios