La tradicional fiesta de las paellas de la Universidad Politécnica de Valencia volverá a convertirse en un macrobotellón en la explanada de la antigua estación del Grao, como ocurrió hace dos años. Bajo el sello de la Delegación de Alumnos de la UPV, la empresa Babalú está vendiendo entradas en la misma universidad para el festival 'LIVE spring VLC', al que "se podrá entrar con bebida", según los propios vendedores. La actividad está prevista para el próximo jueves 3 de mayo.
"Se puede entrar bebida pero en envases de plástico. Pones la mezcla en botellas de agua y lo pasas sin problemas", informan sin tapujos en el punto de venta, ubicado en el exterior del edificio de la Casa del Alumno de la Universidad Politécnica.
La publicidad del evento obvia este detalle. En los carteles y panfletos repartidos por el campus sólo se informa de actividades como videoproyecciones, globoflexia o acciones teatrales, ni siquiera menciona que se trata de la fiesta de las paellas. Pero la web de la delegación de alumnos y el evento del festival en Facebook no dejan lugar a dudas.
"¡Enhorabuena alumnos de la UPV! Porque este año... ¡tenemos PAELLAS! organizadas por la Delegación de Alumnos de la UPV (...) El coste de la entrada es de 10€, incluyendo entrada al recinto, paella, cerveza y copa.", reza el programa. "Al recinto puede introducirse bebida y comida sin límites (excepto vidrios)", subrayan. Además, según informa la empresa Babalú en el evento, la actividad se hace extensible a los alumnos de la Universidad Católica de Valencia tras un acuerdo con la delegación de alumnos de la universidad.
Los vecinos del Grao temen que se repitan las escenas de hace dos años, cuando la Universidad de Valencia y la Politécnica trasladaron al lugar su fiesta de las paellas. El primero de los eventos se convirtió en un macrobotellón desde el principio. Congregó a cerca de 30.000 jóvenes en el Grao ante la negativa del rector de la UV, Esteban Morcillo, a autorizar el evento en el aparcamiento de su universidad.
"Vino una barbaridad de gente. El botellón duró varios días y fue horrible. Mi calle estaba llena de jóvenes meando y vomitando, olía fatal, y estaba todo lleno de basura", recuerda Raquel, vecina de una finca con vistas a la explanada. "Ni siquiera vino la policía a controlarlo, fue un caos. Espero que este año no se repita", concluye.