18 DE JULIO

"Salimos hacia las bombas para protegernos"

José Torres Piquer, vecino de Nazaret, comparte sus recuerdos de la Guerra Civil en el barrio

NOTICIA DE DANIEL VALERO18/07/2012
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
"Salimos hacia las bombas para protegernos"

José Tórres Piquer, en su casa. :: D.V.

José Torres Piquer no es famoso, pero es historia viva. Nacido en enero de 1929, este pariente de Concha Piquer retiene intacta en su retina la historia que no suele escribirse, la cotidiana, la del detalle que humaniza un conflicto difuminado: la de la Guerra Civil Española en el barrio de Nazaret. Hoy se cumplen 76 años del golpe de Franco que desencadenó la cruenta contienda, una guerra que Pepe vivió en el mismo barrio en el que hoy la recuerda en primera persona.

Es un hombre de memoria precisa, inquebrantable, sin titubeos para fechar los meses que clasifican los recuerdos de su infancia. "Acorazado Canarias", suelta, "ése es el nombre del primer barco que bombardeó Valencia". Motivos tiene para acordarse del inicio por mar de la Guerra Civil en la ciudad, pues su padre tomó la inquietante y acertada decisión de acercarse a la playa durante el bombardeo para evitar el impacto de los obuses gracias a la parábola con la que se lanzaban. "Salimos hacia las bombas para protegernos. Aquel día murieron vecinos conocidos del barrio", recuerda.

Pepe, a sus 83 años, refresca entusiasmado aquellos tiempos en los que los españoles derramaban la sangre de sus hermanos. Entonces era un niño de 7 años no demasiado consciente de lo que ocurría. Cuenta que su padre trabajó en el puerto durante casi toda la contienda, probablemente el lugar más peligroso de la ciudad, aún republicana. Los astilleros eran un objetivo principal para el bando Nacional, y aunque los trabajadores contaban con un refugio cercano, no siempre llegaban a tiempo cuando iniciaban los ataques. Cada marcha al trabajo de su padre era pura angustia para su madre y cada regreso al hogar una alegría familiar. "El pare s'ha salvat", celebraban a diario a su llegada.

Su casa, por la posición que ocupaba en Nazaret, poblado inmediato al puerto, iba a ser de las primeras en caer, y por ello movieron cielo y tierra para mudarse lo antes posible. Marcharon primero a Pinedo y más tarde a El Saler, pero mientras cerraban el traslado vivieron meses viendo caer las bombas que destrozaban por completo las viviendas de débil cañizo, hogares del siglo XIX que repetían la línea curva de la playa, formando las aún arqueadas calles del barrio.

La guerra en El Saler

Ya en El Saler, Pepe reconoce que disfrutaba con sus amigos viendo la guerra. Miraban con alboroto el espectáculo de los obuses que caían en el agua levantando enormes torres líquidas o celebraban el impacto de los proyectiles en los aviones que sobrevolaban la zona. Poco importaba de qué bando fuera el avión para aquellos inocentes renacuajos, y poco importaba también el peligro. La metralla en ocasiones caía sobre una zona arbolada en la que jugaban, cortando las ramas de los pinos sin piedad.

Risueño, con ganas de charla, Pepe ignora el té que le ha preparado su mujer. Sostiene la mirada fijamente, ajeno a la ventana de su calle, de tránsito escaso. Parece empeñado en demostrar que el barrio tranquilo que exprime la tarde ahí fuera es el mismo que él describe. Recuerda perfectamente el refugio de Nazaret, ubicado frente al estanco de la calle Mayor, en la actual plaza, extendida junto a la Parroquia de la Virgen de los Desamparados. El refugio se construyó durante la guerra y a él acudían a dormir las familias que permanecieron durante toda la contienda, pero por aquel entonces el Comité de los Refugiados de la República ya había hecho posible la huída de su familia.

Distanciarse del puerto les supuso cierto alivio, pero poco duraría la tranquilidad de los Torres Piquer. Como era de esperar, su padre acabó por obligación en el frente, luchando en Aragón para la República, y la victoria Nacional del 39 se tradujo en cárcel para el cabeza de familia. Fue a parar a la Modelo, donde permanecería alrededor de un año, concretamente hasta que la madre de Pepe se topó con un remiendo inesperado para la desestructurada familia. La buena mujer se empleó tras la guerra en la tarea de llevar pescado fresco al centro, a las casas de familias adineradas de Valencia. El trayecto no era corto, desde el puerto hasta la hoy Ciutat Vella, repitiendo a pie cada día el recorrido. Poco a poco se hizo con una buena clientela que le aseguraba un buen pico a la semana, y en uno de esos viajes, preguntada por una familia pudiente, obtuvo la ayuda. "I l'home com està?" "Ay... pues tancat a la càrcel Modelo" "Vols dir? Pero si es un santo! aixó com és!?" Un par de gestiones bastaron para que liberaran al hombre de la casa, aunque no por ello dejaron de vigilarlo. Tiempo después, cuando Franco visitaba la capital del Turia, su padre, como muchos otros, iba directo al calabozo, "por si acaso", explica Pepe. Después lo soltaban como si nada.

En una de las visitas del generalísimo a Valencia se llevó un buen susto nuestro protagonista. "Como te muevas disparo", le soltó un agente secreto justo cuando pasaba frente a ambos el mismísimo Francisco Franco Bahamonde, en un acto oficial al que se acercó curioso. El cañón de la pistola presionaba en la espalda de un Pepe anonadado, pálido sobre su bicicleta. La amenaza la motivó un inocente gesto: se disponía a sacar su pañuelo del bolsillo de la camisa, pero fue malinterpretado. Tras demostrar pañuelo en mano su buena fe, el Guardia Civil le dejó marchar entre berridos de protesta, insensible al pavor generado.

Posguerra

Los recuerdos de Pepe se van amargando al refrescar la posguerra. Desde pequeño demostró ser diestro en la escritura. Escribía, siendo muy joven, poesías por encargo, para las novias de sus amigos, al más puro estilo Lope de Vega. Aquel niño, el mismo espíritu inquieto hoy autor de cuatro libros que recogen su humilde visión literaria, lamenta haber aprendido a leer "tarde", a los 9 años, por culpa de la guerra. No hubo docencia en la zona entre el 36 y el 39, y el conflicto además acabó con la actividad de la escuela republicana de la que guarda tiernos momentos. Se ubicaba en los bloques de Catanga, al norte del barrio, lugar del que recuerda una potente fuente natural que, asegura, aún da suministro a las fincas. "En la posguerra la escuela se volvió distinta", lamenta. "El profesor se enfadaba mucho con nosotros y, gritando en valenciano, nos prohibía que habláramos en valenciano", subraya para describir con precisión "el sinsentido" de privar a los alumnos de utilizar "su lengua". En una ocasión lo tiraron del tranvía por lo mismo, "por no hablar cristiano", añade.

Pero lo peor no era la educación. La vida en Nazaret se volvió muy dura, y más teniendo en cuenta que antes de la guerra "nunca se había pasado hambre en el barrio". La población del poblado marítimo se dividía entre pescadores -los que pasaban más penurias si menguaba la faena- y agricultores, quienes siempre tenían algo que llevarse a la boca. Pero tras la victoria nacional "los militares confiscaban los alimentos y se vivió una situación realmente difícil". Mientras tanto, Pepe obtenía un humilde sueldo guardando la vez en la larga cola de los economatos donde se obtenía el alimento.

Penurias aparte, recuerda a carcajadas cómicas situaciones a las que se prestaba el franquismo. Disfruta relatando cómo chinchaba a un vigilante cuya labor consistía en impedir que los chicos se bañasen junto a las chicas en las aguas de la playa de Nazaret, divididas para evitar el contacto entre ambos géneros. A sus catorce años, sin pulsión sexual alguna -asegura- se sumergía en un lado y aparecía en el otro, saboreando la cólera en la que montaba el vigía. La pulcritud era una de las obsesiones del régimen, tanto que por esa misma playa se paseaba "La Moral a caballo", la policía montada, "los grises", que pegaban "sin mediar palabra" a los hombres que descubrían el torso en la arena y velaban por la corrección en el atuendo para el baño; bañador obligatorio para ellas, pantalón hasta las rodillas para ellos. "La Moral a caballo", repite Pepe con burlesca grandilocuencia, una guardia a la que se le escapaba por completo que él y sus amigos se bañaban como Dios los trajo al mundo en las aguas del Turia, por las tardes, secándose después desnudos al sol "dando saltitos" para que nadie se enterara en casa.

Así de humilde y natural era el ni más ni menos que sobrino de la gran concha Piquer, hija de un hermano de su abuelo. Pepe recuerda que 'La Piquer' iba a casa de sus abuelos a regalar entradas para sus espectáculos, a los que él no acudía. Le daba reparo ir incluso a visitarla. Aunque su familia le invitara a hacerlo, notaba cierta distancia respecto a ella que se lo impedía. Las damas de la saga sí que suspiraban por personarse en tales actos de alta sociedad, y la humilde familia aunaba esfuerzos para, entre todos, vestir correctamente a una de las féminas para que asistiera en representación del resto.

Marcha a Alemania

Poco más cuenta Pepe sobre su experiencia directa en la guerra y la posguerra. El resto de pasajes que narra de esta época los vivió o los conoció en el extranjero. Partió a Alemania, donde se enteraba "de más de lo que nunca supo" sobre la España de Franco, asegura. Cuenta que lloró como un niño cuando se marchaba en aquel lento tren cargado de inmigrantes que se dirigían a Francia, camino él del país germano que le acogería durante 20 años.

Partió en 1957, antes de la riada, dispuesto a trabajar en el Aquarium Mediterráneo de Stuttgart, de intérprete. La obligatoria 'carta de llamada' que el régimen exigía para salir de España fue posible gracias a la amistad de su familia con un alto responsable de la empresa Bayer en la ciudad. Por mediación de estas personas, Pepe acabó un día yendo a capturar peces con representantes del aquarium, relación que terminó en propuesta de trabajo. "¿Que si quiero irme a Alemania? ¡Lo estoy deseando!", respondió sin dudar, a pesar de tener que marchar sin su actual esposa, entonces menor de 21 años, quien tuvo que esperar a ser mayor de edad para seguir sus pasos.

En Alemania cambió el aquarium por un taller en el que estuvo 11 años para después ingresar en una escuela industrial que le permitió trabajar en la Opel. Curiosamente fue el régimen franquista el que le incitó a estudiar. Pepe se acogió a una beca del movimiento que premiaba con un suculento viaje a los hijos de inmigrantes que estudiaran "el bachiller" en el extranjero. Se trataba de un espléndido tour por todo el territorio nacional que sedujo a un trabajador hambriento de tareas para las ociosas tardes de la jornada laboral europea. Ni corto ni perezoso, a sus 30 años, Pepe se matriculó, aprobó bachillerato y disfrutó de la recompensa, y lo mejor; le quedaron fuerzas para saltar a la escuela industrial y titularse.

Nadador paraolímpico

Hay más curiosidades en la variopinta vida de Pepe, un gran nadador que en Valencia se entrenaba subiendo el Turia a contracorriente -que entonces bajaba aún con cierta fuerza por el hoy antiguo cauce-. La destreza en el agua le sirvió para participar en unas primitivas paraolimpiadas representando a Alemania, en las que quedó subcampeón del estilo crol. Paraolimpiadas, sí. Pepe sufre una afección en su pierna derecha desde 1943, cuando se precipitó desde un cuarto piso. La fortuna le hizo caer en la lona de un camión de la que rebotó a una montaña de escombros. Pasó tres días en el hospital "sin ser atendido por ser hijo de republicano", sostiene.

Disfrutó de las muchas ventajas que se le aplicaban en Alemania a los heridos de guerra por sus secuelas en la pierna pese a no haber sido herido en el campo de batalla. "Claro que disfrutarás de todos los beneficios, los inmigrantes españoles habéis hecho grande a este país", le dijeron a Pepe. Experiencias como esta le llevan a elogiar el espíritu de la nación que le acogió y a lamentar la distancia de España "en cuanto a valores". Su ideal político es claramente importado. "La democracia es el trabajo diario, la convivencia sana y el respeto por el resultado de las elecciones, no como en España, donde se sigue en guerra todavía", critica Pepe, más serio al tratar este tema.

Creyente republicano

Pepe se declara republicano y creyente, y se muestra independiente en cada materia, con criterio propio, ajeno a moldes o a packs ideológicos de partidos ibéricos. Manifiesta un profundo amor por su pueblo, pueblo entendido como la suma de tierra y gente. Por eso decidió volver aunque no le faltaba trabajo en Alemania, porque la tierra tiraba de él y las visitas veraniegas le sabían apoco. Al regresar a Nazaret le dolió mucho encontrar la gigantesca fábrica de aceite de ARLESA, justo frente a la que fue su playa de arena, hoy convertida en puerto industrial. Se atrevió incluso a reprocharle a su familia "haber consentido esa barbaridad".

Volver fue reencontrarse de pleno con su pasado, con la tierra de su abuelo, el héroe de su infancia, un inmigrante aragonés llamado Enrique Torres pero apodado Borrasca por salir a faenar "pese a la mala mar", un "valiente pescador" condecorado por su labor en la guerra de Cuba. También orgulloso, Pepe muestra la instantánea de su padre que preside el salón de su casa, hecha por él mismo, una precisa fotografía en la que éste lanza con destreza desde su barca el rall, abierto y agresivo en el aire, dispuesto a atrapar de un zarpazo el banco de peces que por debajo pasase.

Contemplando la fotografía el silencio se adueña del salón. Las sonrisas concentradas en los detalles de la imagen apagan el diálogo, ya innecesario. Pepe, un hombre del siglo XX, exhibe orgulloso el recuerdo de su padre, del XIX, a un joven que crecerá en el XXI. La Historia por un instante parece detenerse satisfecha, y así, de un modo natural, concluye el nutritivo encuentro.

CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios

Visita Poblados de la Mar

Visita Poblados de la Mar

Desde 01 de Noviembre de 2012 hasta 30 de Junio de 2013
más info »
Después de la Tierra

Después de la Tierra

Desde 25 de Marzo de 2013 hasta 14 de Junio de 2013
más info »
[an error occurred while processing this directive]